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Virgen del rastro

Aunque sea por última vez
y no se atienda mi ruego
trataré de explicar el porqué
de entregar lo que entrego
este empeño que hoy llevo a cabo
este darte a cualquiera
sólo quiere que quedes a salvo
de lo que a mí me suceda.

Y es verdad, si todavía creyera
en religiones de barrio
juraría que hoy hago el empeño
de una virgen del rastro
mas no pienses, mi vida, siquiera
que he querido algo a cambio
no hay moneda que iguale la cuenta
de un olvido tan largo.

Avidadollars, chamarileros
chirlateras de paso
a su custodio dejo, me cuiden
a mi virgen del rastro
la conserven junto a esas reliquias
que tuvieron un dueño
que si pudiera, les juro, vendría
a deshacer este empeño.

Y no me expliquen que el pasado es de plomo
y los pies nunca vuelven
que nadie sabe cómo me cubre los ojos
esta herida en la frente
y dirán que ha pasado mi hora
pero sepan al menos
que yo ya vine a entregar cada dólar
que llevaba en el pecho.

Que yo ya vine a entregar ese amor
el que va más allá de su propio latido
que yo ya vine y aquí quedará
para siempre soñado y para siempre perdido.

Avidadollars, chamarileros
chirlateras de paso
a su custodio dejo, me cuiden
a mi virgen del rastro
la conserven junto a esas reliquias
que tuvieron un dueño
que si pudiera, les juro, vendría
a deshacer este empeño.

                           

La canción del necesario

Era fácil hablar cuando todos hablaban
era fácil reír cuando todos reían
era fácil hablar y reír y callar.

Era fácil cumplir con la orden precisa
y vivir sin pensar y morirse sin prisa
era fácil tan sólo dejarse llevar.

Pero dice un antiguo proverbio
que quien tiene una luz y la guarda
se parece a esos pobres riachuelos
que aun teniendo corriente, no avanzan.

Yo he querido ser esa vieja canción
que además de canción
es un grito en lo alto
y ofrecerla sin excusas
a quien nunca la ha escuchado
quiero ser ese viento que un día silbó
que un buen día silbó
—la canción del necesario.

Y quizás es verdad lo que tanto me han dicho
que es muy corta mi voz y muy largo el oficio
y quizás es verdad, y quizás es verdad.

Pero llevo en la frente un futuro incendiado
de palabras de oro y de versos humanos
y los tengo que dar, y los tengo que dar.

Será que algunas cosas, las que han de perdurar
tan sólo se hacen tuyas cuando ya son de los demás
cuando ya son de los demás.

Yo he querido ser esa vieja canción
que además de canción
es un grito en lo alto
y que mi voz importe poco
pero que el grito importe tanto
quiero ser ese viento que un día silbó
que un buen día silbó...

Para ver si así se hacía el verso más humano
para ser latido que no nos cabe ya en los labios
y al final se convierte en canción
esa vieja canción
—la canción del necesario.

Era fácil hablar cuando todos hablaban
era fácil reír cuando todos reían
era fácil hablar y reír y callar.